Inicio Teatro Ictus
Nuestro Teatro Ictus
La Cartelera Teatro Ictus
El Equipo Teatro Ictus
Obras Estrenadas Teatro Ictus
Registro Gráfico Teatro Ictus
Galería Fotos Teatro Ictus
Contacto/Reservas Teatro Ictus
Plano Ubicación Teatro Ictus
La Biblioteca de Nissim Sharim
 
 

 

Críticas Atascados en Salala (2009)

     
11 de mayo de 2009
"Atascados en Salala":
El Ictus goza de muy buena salud

JAVIER IBACACHE V.
La Segunda

A poco más de dos años de su último estreno como compañía, el Ictus monta una nueva creación colectiva que sorprende al grupo en un punto óptimo y con muy buena salud.
 
     

Si en “Okupación” (2005) y “El grito” (2006) construyeron una alegoría visionaria sobre la contingencia y hablaron respectivamente de la crisis de la educación y la corrupción institucional, en “Atascados en Salala” hablan de un país detenido en un punto incierto, despojado de utopías, con añoranzas por sueños que no cristalizaron y personajes anónimos a merced del mercado.

La obra puede seguirse como un retrato del Chile que se apresta a celebrar el Bicentenario y que se aferra a esa imagen para no mirar el futuro.

La puesta es respetuosa de la estética que ha venido explorando el grupo con Nissim Sharim a la cabeza, aunque —a diferencia de las últimas entregas— la alusión inmediata a la actualidad cede lugar al desparpajo y a un energizante humor negro que permite al elenco (María Elena Duvauchelle, Paula Sharim, Roberto Poblete y Nissim Sharim) mostrar sus dotes interpretativas en un género que dominan a cabalidad.

Con un par de elementos en medio de un escenario despojado y el apoyo decisivo de una banda sonora que fusiona melodías y audios pregrabados, el montaje desarrolla cuatro anécdotas que tienen como nexo la ausencia de futuro.

A diferencia de los emblemáticos estereotipos popularizados por el grupo durante las décadas de los 60 y 70 —en que primaban la lucha social y la conciencia de clase—, los personajes de la obra no pugnan contra el sistema y parecen haber aceptado con sumisión la derrota, enmarañados en las obligaciones cotidianas y la rentabilidad.

Desde esa zona emergen los retratos de una apesadumbrada dueña de casa cuyas pesadillas la muestran viviendo en la miseria y siendo víctima de un crimen; un jubilado que estafa a su yerno y huye al norte tras la ruta del Che Guevara; una mujer que se lanza fallidamente al metro tras constatar la miseria económica que le espera en la tercera edad; una anciana

 

abandonada por su familia a su suerte; y un clan femenino que pugna por repartirse una sobredimensionada herencia.

La serie de situaciones se entrelaza con confesiones hechas a público por los cuatro actores, quienes además enfrentan cada tanto a la platea despojados de sus roles con la mirada perdida en un lugar incierto.

El ritmo de la hora y 20 de representación gana dinamismo gracias al enfoque que prima en las escenas, concebidas como trazos que se interrumpen unas a otras y que entregan al espectador la tarea de establecer asociaciones.

Los permanentes quiebres conducen al grupo a ocupar el acceso central de la sala, a desplazarse por el pasillo que divide a las butacas y a interpelar en más de una oportunidad a quienes se encuentran en el lugar.

Una de las preguntas recurrentes hechas a público intenta establecer la dirección en que se encuentra el norte y curiosamente las respuestas son magras, lo que condena a los personajes a continuar en aquella zona denominada Salala —ubicada entre Tongoy y Los Vilos—, atascados sin motivación.

El oficio para transitar desde las escenas a los apartes y romper con la ilusión y la cuarta pared —un recurso de antigua data que acá recupera efectividad— es propio de actores con destreza que además deben conducirse por espacios de improvisación.

Roberto Poblete y Nissim Sharim demuestran estar en forma en este sentido, aunque quienes protagonizan los pasajes más catárticos son María Elena Duvauchelle y Paula Sharim, cuyos roles de hermanas en pugna por la dote materna se cuenta entre los puntos más altos de la puesta que revitaliza al grupo.

     
 
     
     
     
13 de mayo de 2009
Desde las sombras
Entre sorpresas y desafíos
LEOPOLDO PULGAR IBARRA
La Nación

En cuadros independientes, con miradas múltiples y sutiles, aparecen algunas grandilocuentes obsesiones humanas.
 
     

"Atascados en Salala" aporta un conjunto de sencillas sorpresas escénicas. Casi con humildad. Son fragmentos de historias relacionadas con la realidad más concreta a través de lo más absurdo de las cosas y de la vida. Curiosa, contradictoria y efectiva alternativa que le permite al Ictus trabajar lo performativo, una vertiente con algo de improvisación y que se sustenta en la habilidad y gracia actoral para ser personaje y persona sobre el escenario. A eso se agrega considerar al público como parte del equipo, a través de diálogos sujetos a lo que salga.

La escena inicial tiene una enorme fuerza, por el recorrido y el desenlace que vive una mendiga. Y aunque este comienzo sugería un desarrollo distinto, el montaje acumula situaciones más o menos imprevistas.

 

En cuadros independientes, con miradas múltiples y sutiles, aparecen algunas grandilocuentes obsesiones humanas. Un mundo donde los sueños son más sólidos que la realidad y los personajes soñados ocupan un espacio propio.

Entonces, surge lo absurdo en lo cotidiano, como en el juego de naipes, en la pana de bencina en medio de la nada y gente sólo conectada por los celulares y las rutinas urbanas, o cuando al final desciende un pequeño "dios". Patéticas, absurdas y divertidas situaciones que muestra a un grupo con trayectoria (Nissim y Paula Sharim, Roberto Poblete y María E. Duvauchelle) que se revitaliza a través de un trabajo en el que deciden partir casi de cero.

     
     
     
16 de mayo de 2009
"Atascados en Salala":
Una nación sin norte
PEDRO LABRA HERRERA
El Mercurio

Tras la premonitoria "Okupación" y la menos lograda "El grito", Ictus vuelve a su significativo formato de los 80, la creación colectiva, para con "Atascados en Salala" renovar su propósito en esta nueva etapa de poner el dedo en la llaga de nuestras lacras morales de cada día.
 
     
Aquí, desde el escenario nos hace una pregunta tan simple como esencial: para qué corremos tanto si al fin de cuentas no sabemos adónde vamos.

Elaborado por cuatro de las figuras históricas del colectivo bajo la dirección de Nissim Sharim, que también actúa, el montaje consiste en una serie de cuadros que entrecruzan las historias de distintos personajes claramente reconocibles, aunque su circunstancia esté teñida de distancia irónica y absurdo. La dueña de casa de clase media cuya pesadilla es ser pordiosera, el jubilado que estafó a su yerno y huye hacia el norte, las hermanas a punto de sacarse los ojos por una exigua herencia, nos hablan de la crisis de valores, de la obsesión por el dinero, del vértigo inútil de la vida actual.
  Teatro humanista en su sentido más noble, la obra con sus recursos sencillos pero de gran eficacia, se apoya fundamentalmente en el despliegue actoral en un espacio casi vacío.

Los actores se desdoblan en varios roles, a ratos bajan a platea e interpelan a los espectadores, y una y otra vez el grupo se detiene a mirarnos, inquisitivo o perplejo.

La complicada mecánica de cambios de cuadro en la oscuridad produce extensos apagones que, próximos al bache, perjudican el ritmo. Eso es mejorable. El oficio interpretativo del cuarteto resulta en general arrollador, pero son las actrices (María Elena Duvauchelle y Paula Sharim) quienes se roban la película en el último tramo con la escena más desopilante del total.
     
     
     
15 de mayo de 2009
Historias Comunes
FELIPE GORDON BENAVENTE
Actriz Chilena (blogspot)

En este nuevo montaje del Ictus, la Compañía se adentra en nuevos terrenos para entregarnos un montaje más lúdico y lleno de sensaciones.

 
     

Un juego de desdoblamientos – como ellos mismos lo definen – crea un espectáculo visual muy interesante. Siempre bajo la dirección de Nissim Sharim, se presentan en el Teatro La Comedia los días jueves, viernes y sábado.

En esta nueva apuesta del Teatro Ictus los actores Roberto Poblete, Paula Sharim, María Elena Duvauchelle y Nissim Sharim se reúnen para presentarnos una creación colectiva que aborda los desdoblamientos, según propias palabras de la Compañía. En Atascados en Salala encontramos un dinámico juego escénico de escenas que suceden una tras otra de un modo muy interesante y visualmente llamativo.

Atascados en Salala nos presenta situaciones y personajes de la vida cotidiana que son muy identificables; situaciones de la vida misma con esa alegría y sufrimientos tan propios de èsta y de cualquier ser humano. Son varias situaciones y personajes que nos van contando estas pequeñas historias en donde lo primordial es la actuación. Actuaciones que van lujosamente acompañadas de buena música y de un juego de luces impecable que marca tiempos bien definidos.

Los actores se mueven por el escenario y ocupan muy bien el espacio escénico, la acción no solo se sitúa arriba del escenario…

 

debajo de éste los actores interactúan de manera lúdica con el público, entendiéndose que no todas las funciones serán iguales.

En realidad los personajes son tan identificables que por lo mismo logran sacar risas espontáneas y divertidas. Cada actor nos presenta un monólogo propio, y nos cuenta una historia que se va desarrollando para luego comenzar otra. Todos, Paula, María Elena, Nissim y Roberto son excelentes actores que nos demuestran una vez más todo su talento, sobretodo hacia el final de la obra en donde han elegido contar una historia que tal como hace reír logra emocionar por la veracidad de los personajes y de las situaciones.

Es fácil identificarse con los personajes cuando están bien hechos, y más aun cuando las historias están bien contadas.

Atascados en Salala, nos presenta además solo un nombre de un lugar común, que podría haber sido cualquiera, un lugar en donde conjugan todas las historias y todos los personajes, un lugar que sencillamente representa un punto de inicio, un punto de destino y un punto de encuentro.

Es en definitiva otra obra imperdible de esta Compañía. Vaya a verla y verá como al final de la función queda ese gustito de haber disfrutado de un buen espectáculo, riendo y emocionándose.

     
     
     
Para visualizar correctamente este sitio necesitas Flash Player 7.0, Internet Explorer 6.0, resolución monitor de
1024 x 768 y desbloquear elementos emergentes.