El renacer del Ictus
Pedro Labra H.
EL MERCURIO
| En 2004, la retrospectiva y autorreferente "Sueños de la memoria" fue quizás para Ictus el necesario cierre de una etapa. Ahora, con "Okupación", renace de sus cenizas: retoma el método de creación colectiva, el dominio de estilo y la fuerza que marcaron su período más importante -fines de los '70 y la década del 80- para poner al día su discurso incisivamente crítico en otro frente de resistencia combativa. |
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Es, básicamente, una comedia satírica sobre unos modestos profesores que se "tomaron" su liceo en protesta por su inminente privatización; a veces, la acción realista se interrumpe para evocar en un clima onírico a personajes históricos o de ficción -Galileo y Don Quijote, entre ellos- que se negaron a renunciar a sus principios.
En sus 70 minutos, el ágil y estimulante relato rebosa de agudos comentarios sobre el Chile actual, en una puesta que abunda en sencillas y eficaces ideas teatrales. Los cinco actores componen personajes perfectamente reconocibles y entrañables, que jamás parecen estar buscando el efecto cómico en sí. |
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Como en los mejores tiempos de Ictus, el interés dramático y humorístico corre paralelo al análisis contingente. Aquí constata que el Chile de hoy no es para nada el país que soñamos ayer. Nos recuerda la importancia, en el desierto valórico en que estamos, de los libros y la educación, de las lecciones contenidas en la historia y la cultura, de mantener viva la fe en el hombre.
Con cierta amargura pero sin renuncio, nos dice, sobre todo, que no estamos solos, que no debemos dejar que la tecnocracia y el sistema aplasten lo que queda de nuestros viejos ideales y utopías. |
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Una Okupación nos devuelve lo que creíamos perdido
Romina De La Sotta
| Teatro Ictus nos presenta un montaje que revive esa casi desaparecida capacidad humana de debatir, discutir y querer que las cosas sean como corresponde. En Okupación, los profesores se toman el colegio.
Pese a los intentos propagandísticos que han desplegado los candidatos a la Presidencia de la República, aún habemos quienes dudamos cuando ellos dicen, como si nada, que cambiarán el modelo.
Afortunadamente, no todos los chilenos hemos sufrido de amnesia colectiva, y aún nos extrañamos por esas promesas porque no hemos olvidado que los representantes de un sector productivo o político funcionan según sus propias reglas. Necesariamente son sistémicos.
Los únicos que tienen autoridad para hablar desde fuera son quienes no representan el poder, ni aspiran a tenerlo. Los que reclaman sin hacer concesiones de ningún tipo, los que son tan consecuentes que no han reconstruido los modelos en sus propias vidas privadas.
Este sector es retratado en un excelente montaje que presenta la compañía teatro Ictus en Sala La Comedia: Okupación . Una creación colectiva cuya temática sería considerada trasnochada en una lectura superficial. Pero nosotros nos respetamos lo suficiente para no quedarnos en ese nivel de consideraciones.
Pues bien, Okupación muestra un colegio fiscal que está a punto de ser privatizado, y el enfrentamiento entre los profesores que quieren que ese cambio de propiedad se haga efectivo, y quienes se niegan a que la educación sea un producto de mercado. Recordemos que antes de la masificación del anglicismo márketing, no eran pocos quienes creían que la educación es un derecho. En definitiva, los maestros rebeldes se toman el colegio, y sus colegas intentan disuadirlos de esa acción. Y la misma ocupación es el escenario de esta obra. |
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Los profesores son completamente típicos: la señora gritona y de ideas cortas, la romántica ex hippie, la lola del Pedagógico, los izquierdistas nostálgicos y los prácticos. Cobardes y valientes, pura boca y hombres de armas tomar. Tal como eran los maestros que uno tuvo en su colegio.
Los diálogos entre los profesores son profundos porque hasta cuando hablan del clima se ponen a discutir temas valóricos. Además, el contraste entre las generaciones está abordado de manera genial: es de antología la conversación entre dos profesoras que por sus edades podrían ser madre e hija. Reggaeton y Quilapayún, la mayor critica que la menor sirva combinados, la joven, que la señora es de la generación que no compra cigarros sino que pasa pidiendo. Para morirse de la risa.
Pero detrás de cada broma hay verdades atroces que podemos volver a plantearnos gracias este montaje. ¿Cuál es el valor de la educación? ¿Cuál es el rol del profesor? ¿Hasta dónde puede extenderse el mercado? Todas esas preguntas que muy pocos colectivos se formulan, y que van definiendo nuestra realidad social. Temas que hemos visto cómo los han resuelto otros, sin opinar siquiera, y que han convertido a Chile en el país que es hoy. Más egoísta, fanático de los realitys, lector de farándula, comprador compulsivo de seudo emociones.
Las actuaciones de Elena Duvauchelle, Paula Sharim, José Secall, Roberto Poblete y Nissim Sharim son tan buenas que uno se olvida que está en el teatro, y se siente como una de esas bellas y cada vez más escasas personas que siguen siendo capaces de cuestionarse las cosas. Todo un aporte el de la compañía teatro Ictus en Sala La Comedia, con su montaje Okupación nos devuelve algo que parecía perdido en la amnesia colectiva del éxito económico. |
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"Okupación"
El Ictus opinante
123.cl
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Probablemente nadie mejor que la compañía de teatro Ictus puede analizar el derrumbe de las utopías de nuestra nación. ¿Por qué? La respuesta se encuentra en su propia historia, un intenso camino teatral que ha corrido paralelamente al devenir político, social y cultural chileno de los últimos cincuenta años. Es esa memoria del Ictus la que choca directamente con la realidad actual para dar vida a un montaje imprescindible que el colectivo bautizó acertadamente como "Okupación". |
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En una época en que se habla de la revolución comunicacional de los blog o del impacto social de la tecnología, es algo difícil imaginarse que no hace mucho tiempo existieron intereses absolutamente distintos y gente que verdaderamente creyó en la posibilidad de los cambios sociales y la urgencia de las utopías. ¿De verdad existió mayo del 68` o es uno de esos relatos mitológicos que rodean la historia humana?
El nuevo montaje de la fundamental compañía de teatro chilena Ictus es una buena respuesta para esas inquietudes o talvez la mejor manera de replantearse hacia dónde vamos y que nos hizo aterrizar en esta realidad. "Okupación" es el nombre de esta puesta en escena, así con k como para dejar en evidencia a una de las pocas subversiones que se permite nuestra singular postmodernidad. Y no es que los prolíficos creadores del Ictus se hayan convertido de un día para otro en punkies de la palabra, sino que su potente historial escénico les da la licencia de repasar la historia nacional de las últimas décadas y discutirla arriba del escenario con la contingencia y lucidez que amerita.
Si hace tan sólo un año el grupo hizo un profundo proceso de reconstrucción para mirarse al espejo y contar su propio recorrido de la mano de la pieza teatral bautizada como "Sueños de la memoria", este 2005 el Ictus se propuso la titánica tarea de percibir cómo se nos fueron esfumando los sueños y las utopías, finalmente, cedieron a los índices económicos, las privatizaciones, la tecnología y la vorágine capitalista.
En "Okupación" el pasado y el presente de nuestro país se encuentran cara a cara y los viejos alquimistas de los antiguos deseos colectivos, reciben la feroz bofetada de la modernidad, esa que no da tiempo a los filosofías abstractas y menos aún a la melancolía de un tiempo que se escurrió de las manos.
La pequeña insurrección de un grupo de profesores que se niega a la privatización de su colegio es la excusa ideal para que el Ictus le tome el pulso a la sociedad actual. En esta panorámica no pueden faltar los docentes que reclaman la posibilidad de que su colegio se sumerja en lo que ellos llaman "los necesarios cambios de la modernidad", con computadores y banda ancha incluidos. Al otro extremo están aquellos que no pueden depositar su fe en el libre mercado, que se rehúsan terminantemente a que las salas de clases en donde ellos pusieron todas sus energías se conviertan en meros números de un futuro Since y que por lo mismo deciden tomarse el colegio para que la negociación con los nuevos compradores no se lleve a cabo.
Es precisamente en esa facción de insurgentes en donde arrecia la añoranza. Ahí está la profesora que sigue pintando flores en los lienzos de protesta, igual que lo hizo hace más de treinta años con la música de Inti Illimani como banda de sonido perfecta. También es posible rastrear al compañero profesor |
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combatiente, que quiere cambiar al mundo pero que ni siquiera puede variar su realidad personal, esa que lo hace pensar que puede llevar al menor de sus hijos a la ocupación del colegio porque no le queda otra alternativa.
Tampoco podía estar ausente la joven profesora que cuestiona los métodos tradicionales y con ello toda la forma clásica de las protestas. Pero el que definitivamente no podía faltar es el pedagogo que sigue creyendo en la fuerza de los cambios sociales, ese que algún día fue un héroe y se autoinmoló, y que hoy está dispuesto a repetir la experiencia.
La "Okupación" docente que plantea el Ictus está salpicada de otros gestos de rebelión, pasajes de la historia de la humanidad en donde también se ha probado la fidelidad del hombre a sus propios ideales. Referencias teatrales al proceso de Galileo Galilei, a Marx, al Quijote, a Goethe, revisan esos instantes preciosos en que algunos necesitaron experimentar su capacidad de insumisión, algunos saltaron la valla perfectamente, mientras que otros cayeron presa de la conveniencia social.
La sala de clases del nuevo montaje del Ictus bien podría ser un hospital, una sede sindical, una facultad universitaria, y un largo etc. Las sillas y bancos son sólo una referencia simbólica de miles de instancias en donde la discusión se centra en seguir los avances sociales sin rebatir ninguno de sus puntos o levantarse en una pequeña revolución.
El gran acierto de esta puesta en escena es su certero humor negro, esa satirización constante de temas que muchos otros habrían abordado con una pomposidad y seriedad que al Ictus no le hacen falta para nada. Ellos, con su especial fórmula teatral, ya trazaron su historia, una que los convierte en uno de los mayores ejemplos del teatro nacional y tal vez en el mejor ejemplo de la creación colectiva que nuestra escena pueda entregar. Innegable también es la capacidad de los actores que hoy integran sus filas: Nissim Sharim (quien también dirige), Roberto Poblete, María Elena Duvauchelle, Paula Sharim y José Secall.
Llenos de oficio, vitalidad y con la inteligencia necesaria para discutir la bizarra forma en que Chile se acerca al desarrollo, en "Okupación" los integrantes del Ictus no sólo demuestran su impresionante contingencia, sino que también se dan el lujo de revisitar sus propios recuerdos de las utopías pasadas.
"Desdichadas las naciones que necesitan héroes" repite más de una vez el personaje interpretado por Nissim Sharim. Uno podría contestarle al Ictus "afortunados los países que aún tienen la posibilidad de discutir su historia arriba de un escenario". |
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