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Abril 27, 2020

Sala La Comedia presenta Las Alturas de Machu Picchu

Por Catalina Tapia Diaz


Sala La Comedia y Fundación Pablo Neruda se han unido para traerte Las Alturas de Machu Picchu en la voz del locutor Pedro Sánchez. 

 

En el marco del Mes del Libro y atendiendo a nuestro afán de generar y fortalecer lazos con artistas, teatros y centros culturales, Sala La Comedia y Fundación Pablo Neruda se han unido para llevar hasta tu casa Las Alturas de Machu Picchu de Pablo Neruda, narrado por el locutor Pedro Sánchez. La sesión, además, está musicalizada por el gran contrabajista y productor nacional, Jorge Campos, en compañía de los vientos de Ricardo Salas.

 

Este recital poético comienza con dos poemas previos, Amor América (1400) y Los Hombres, contenidos en el texto La lámpara en la tierra del Canto General. Estos son poemas descriptivos de lo que fue el territorio americano y sus habitantes antes de la llegada de los conquistadores, cuando América aún no tenía nombre. Este preámbulo te sumergirá en el misticismo detrás de la creación de Neruda.

 

Para quienes aún no se han adentrado en la magia de Las Alturas de Machu Picchu de Pablo Neruda, Pedro Sánchez quiso compartir una aproximación al contexto en que esta obra fue desarrollada ¡Acá te lo dejamos!

 

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Andaba el poeta en sus viajes y viviendo una vida loca, sin sentido, cuando alguien le muestra Macchu Picchu. Su asombro es tan grande que le surgen preguntas fundamentales en torno a su propio ser. Lleva estas preguntas a los testigos que han quedado de la construcción de esta torre, esta catedral de piedra, que ha sido edificada sobre el abismo de una muerte colectiva.
Hay una idea que está presente en todo el poema: el “más grande amor”, que involucra a la vida y la muerte como un todo, como partes una misma cosa.
Él ya vislumbra su propio proceso de irse transformando lentamente en tierra, aproximándose al otoño de su vida (en el texto se refiere al otoño como “la muerte de mil hojas”)
Desciende a las profundidades del mar y de la tierra haciéndose uno con la Naturaleza para poder averiguar sobre sí mismo, sobre su identidad, sobre QUÉ es él. Es un despertar de la conciencia.
Este despertar toma la forma de una revelación poética en que la presencia de esta TORRE mueve al poeta a descender al ABISMO. Allí queda enceguecido por la luz deslumbradora del conocimiento; y al regresar aprecia el mundo externo en toda su degradación, lo que condicionará su meditación sobre la vida y la muerte.
Reflexiona en torno al hombre y la Naturaleza en una especie de oposición: la Naturaleza es continuidad, circularidad, reciprocidad. En cambio el hombre y su afán de dominio de la naturaleza, es discontinuidad y ruptura, y ha implicado el olvido de su propio origen y de su alma, de su espíritu: un proceso de degradación cuyas consecuencias se manifiestan hoy con tanta claridad en las circunstancias que estamos viviendo.
El poeta vive entonces su propia muerte con el consiguiente desengaño al no encontrar nada más que una racha fría o , como dice, “un ramo de agua secreta y verdades sumergidas”.
Habla de la “pequeña muerte” que vamos viviendo en este abandono del ser, en que vamos “machacando el alma hasta la muerte”
Aparece entonces la “verdadera muerte”: aquella que trae fecundidad, totalidad, trascendencia, claridad, plenitud del alma. Es una revelación.
Creo que todos tenemos claro que finalmente todos volvemos a la tierra.
Por otra parte, esta ciudad de piedra ha permanecido, ha derrotado al tiempo, ha sido testigo de la historia y ha perpetuado la vida de sus constructores en esta morada o vasija que contiene el silencio.
Las preguntas que surgen van dirigidas a los únicos testigos que permanecen vivos: a las piedras, al tiempo, al aire, y, en forma particular al río Urubamba o Wikamayu (el Dios del Trueno, en quechua), esta “serpiente despeñada”, o este “hijo ciego de la nieve”. Las preguntas se refieren a la historia, el tiempo, la cultura, el idioma. Es una interrogación y una invitación al “amor americano”.
Luego, en una letanía, el poeta despliega su dominio de lenguaje para referirse a Macchu Picchu con cerca de ochenta metáforas, para insistir a continución con sus preguntas, esta vez dirigidas a la ciudad misma como morada del esclavo que entregó su vida en la tarea.
Se acerca así al corazón de ese ser y lo identifica, lo nombra genéricamente con el nombre de JUAN: éste es su hermano y es a él a quien invita a renacer. Así, se convierte en el portavoz de todos los dormidos, de todos aquellos que dieron vida a esta catedral de piedra, fundiéndose con ellos, invitándolos a rebelarse y a que se expresen a través de su vida y su palabra.

 

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Te invitamos a que disfrutes Las Alturas de Machu Picchu aquí.

 

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