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Agosto 16, 2017

Esto (no) es una crítica: una revisita a la historia en escena

Por Lorenalvarezch


Por Romina Bajbuj 

¿Cuántas veces es necesario visitar la memoria para que el futuro no se nos pase sin pena ni gloria? ¿Cuántas veces se nos hace imperioso descorrer todos los telones para ver los testamentos con los que carga una generación entera?

Infinitas veces, es la respuesta al menos para buena parte de los hijos de esa generación, que en muchas ocasiones punzamos las heridas hasta hacerlas sangrar. Este punzar necesario, lo logra el ICTUS con su “Esto (no) es un Testamento” en todos y cada uno de sus pasajes, que ya anuncia en el lanzar las cartas del inicio de la obra, la lectura de la suerte de un país completo.

Así, lo que son fragmentos de la biografía de los actores, situadas en el antes, durante y después de la dictadura militar se convierten en piezas de un rompecabezas cuyos bordes son difusos;  y  asumen sus vacíos con una tristeza no estereotipada, que no es ni más ni menos que la afirmación del sentido que tiene estar aquí ahora.

El repaso de su éxito fuera de los márgenes del marketing, de ése del que sólo queda registro a lápiz y el calor de una sociedad en ebullición que no contemplaba la apatía en su diccionario ni se sometía a índices de participación.

Luego, la oscuridad de la muerte que abraza a todas las muertes, dejando en evidencia la que la huella no es individual, que nos marca a todos en cuanto herederos de la una verdad cuyo telón no se termina de descorrer, un testamento que no podemos terminar de escribir.

Para concluir con el desencanto sin lamento, otra vez sin estereotipos, como quien vive con una situación de dolor crónico en su espalda, y lo asume sin aspavientos sólo sabiendo que debe mirar hacia el futuro y caminar.

Y es justamente por esto, que “Esto (no) es un testamento” o los actores desprovistos de caretas intenta que no lo sea, el ICTUS – y el país – no nos hablan desde la realidad museificada, si no que en plena segunda década de los dos mil, al igual que desde su nacimiento, acompañan las transformaciones del país.

Los nuevos lenguajes comunicacionales a los que acostumbra “La Laura Palmer” no son un mero adorno posmoderno, sino que enriquecen y determinan los elementos biográficos del eje acostumbrado para que el punzar de la obra se haga aún más evidente y contribuya a hacer brotar todos los futuros posibles para el país y para el ICTUS, en una senda más igualitaria, pero por sobre todo más honesta para el público, para los ciudadanos y ciudadanas.

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