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nuestra historia

60 AÑOS DE TRAYECTORIA

1956- 1970

1955 y un grupo de estudiantes rebeldes de tercer año del Teatro Ensayo de la Universidad Católica (TEUC) decide dejar su escuela y fundar su propia compañía, el Teatro Ictus. Sonia Azócar, Carmen Undurraga, Marina González, Paz Yrarrázabal, Julio Rubio, Julio Retamal Favereau, Claudio di Girolamo Carlini, Gabriela Ossa, Irene Domínguez, Mónica Echeverría y el profesor de teatro Germán Becker, fueron sus primeros integrantes y fundadores.

 

La necesidad de dotar de contenido a lo que hasta ese momento era solo una insatisfacción compartida, los conduce a una indagación genealógica cuyo resultado es el estreno de “La tertulia de los dos hermanos” y “Las suplicantes”, las dos primeras obras del grupo, ambas en 1956. Aunque las dificultades de tomar distancia del modelo de teatro universitario provocan algunas deserciones, el grueso de sus integrantes logra mantenerse unido gracias a un sostenido trabajo de experimentación que imprime un primer rasgo de identidad al grupo.

 

La segunda mitad de la década del cincuenta estará centrada en los intentos por asentar un trabajo teatral distintivo, elaborando respuestas prácticas a las limitaciones técnicas y la precariedad material, en un marco de ausencia de referentes teóricos definidos. Esta mezcla de intuición, plasticidad y apertura marca los primeros años de la compañía Teatro Ictus como “grupo experimental”.

1962 es el año en que el hogar permanente de ictus vio la luz. La Compañía se instaló en su histórica Sala La Comedia, espacio que desde ese momento fue base y trinchera del Ictus. En ese año, se integra, además, quien será la cabeza de Ictus por más de 50 años, el actor y creativo Nissim Sharim. Comienza entonces a desarrollarse un repertorio específico de la mano de las principales figuras de la renovación dramática de posguerra: Harold Pinter, Eugène Ionesco, John Osborne, Shelagh Delaney y Jorge Díaz. La consolidación de este último como referente local ocurre de la mano de otra obra clave, “El cepillo de dientes” (1961).

La incorporación de nuevos integrantes en 1965, entre quienes destacó Delfina Guzmán, Jaime Vadell, Shenda Román y Gustavo Meza, refuerza el grupo y sistematiza un trabajo de indagación que encuentra en el humor, la sátira y el absurdo las claves precisas para politizar la cotidianidad. En este nuevo contexto cobra también forma la necesidad de consolidar un elenco artístico estable comprometido con un estilo de producción propio y atento a los intereses de sus integrantes.

Entre las obras emblemáticas de este segundo período figura “Cuestionemos la cuestión” (1969), considerada como el primer resultado de una metodología de trabajo, la creación colectiva, que alcanzará su madurez en los años venideros. Este nuevo formato permitió consolidar un modo productivo ya insinuado en las obras de finales de la década, que en tanto método de trabajo, de invención y puesta en escena, se convirtió en una característica estética definitoria del Teatro Ictus.

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DÉCADA DEL ´70

En 1972 se estrena una de las obras más emblemáticas de nuestro teatro “Tres Noches de un Sábado”. Dirigida por Claudio di Girolamo, la propuesta escenificó tres episodios en los que se retrataba el amor entre personas de distintos niveles socioeconómicos, siempre con esa cuota de humor tan característica de Ictus.

Tres noches de un sábado fue la última obra estrenada antes del Golpe de Estado de 1973 y con la que pudieron resistir los primeros terribles años de la dictadura, manteniéndola casi dos años en cartelera. Desde entonces el rumbo cambió. Se entró en un período en que el trabajo respondió a la rebeldía que se necesitaba para hacer frente a la Dictadura. Fue una época contestataria en la que Ictus fue un gran referente y en la que se desarrollaron importantes obras. “Nadie sabe para quién se enoja”, “Pedro, Juan y Diego” y “Lindo país esquina con vista al mar” fueron algunos de los títulos más recordados.

Cómo sobrevivió el teatro en esos tiempos difíciles se preguntan muchos. ¡El humor! Esa fue la respuesta eterna de la compañía.

En esta década se consolida el trío creador: Nissim Sharim, Defina Guzmán y Claudio di Girolamo, el que se mantendrá a la cabeza de Ictus como comité creativo fundamental  y gestor de los más grandes proyectos de la compañía.

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DÉCADA DEL ´80

Muchos se preguntan por qué el Ictus no fue cerrado durante la Dictadura. Teorías hay varias, pero lo cierto es que fue una época en que el teatro debió reinventarse y hacer frente a esas nuevas circunstancias que vivía el país. Ictus se transformó en un espacio de libertad donde se hablaba de todo aquello que estaba prohibido, era un lugar de verdad y realidad, cuestiones tan simples, pero tan negadas por ese tiempo.

El hito que marcó la década, fue la creación de una productora independiente en la que se trabajaron ficciones y documentales que hablaban de la situación social del país. Este material luego era distribuido en circuitos cerrados alternativos, que buscaban contrarrestar la propaganda oficialista. Fueron creaciones contestatarias que hacían frente al régimen a través del humor y la convicción, los ingredientes de siempre.

Se integran al equipo grandes dramaturgos con quienes se llevan a cabo recordadas obras como Lindo país esquina con vista a la mar que estaba serena (1984).

En 1985 un trágico acontecimiento remeció a Ictus. La muerte de José Manuel Parada, hijo del actor Roberto Parada, fue asesinado por agentes de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros, en el mediático caso Degollados. Pasado este triste acontecimiento, Ictus se recompone una vez más y estrena “Lo que está en el aire”, una obra testimonial protagonizada por don Roberto Parada, donde se cuenta en ficción la historia del secuestro ya vivido.

Las diferencias estéticas y nuevas búsquedas temáticas empiezan a separar la dirección central de Ictus. La partida de Claudio di Girolamo, cabeza fundamental de los 30 años de existencia que tiene la compañía, y también el alejamiento temporal de Roberto Poblete, marcan el fin de esta década.

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DÉCADA DEL ´90

Con la llegada de la democracia, las organizaciones extranjeras retiran de inmediato su ayuda económica, argumentando que el estado democrático chileno debe ahora hacerse cargo de sus artistas. La situación sumerge a Ictus en una grave crisis económica.

En los 90s se integran nuevos actores a la compañía y retornan algunos que habían partido durante la década anterior. Las últimas obras de la compañía completa son Este domingo (1991) y Pablo Neruda viene volando (1991), un montaje escrito por Jorge Díaz que tuvo una gran gira por varias ciudades de España y París en 1992, representando a Chile en la Expo Sevilla `92.

Después de la exitosa gira por Europa, Ictus estrena Prohibido Suicidarse en democracia, una de sus grandes creaciones que, a través del humor, habla del retorno de los exiliados. Años más tarde Delfina Guzmán, ícono de Ictus, decide abandonar la compañía.

La década termina con dificultades en las creaciones, hay escasos temas pues el enemigo común había desaparecido. A esto se suma la grave crisis económica que ya venía afectando al grupo desde hace un tiempo.

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DÉCADA DE LOS ´00s

La llegada del nuevo siglo parecía la alerta de un nuevo comienzo para la sociedad chilena. Sin embargo, a medida que avanzaban los años, también avanzaba el descontento. La situación de Ictus no es muy distinta. El grupo necesita mantener su continuidad y se encontraba en serias dificultades económicas, intentando entrar en la dinámica de los fondos concursables que muchas veces se convirtieron en problema más que en solución. Pero se siguió en el rumbo de la creación. Jaime Celedón, uno de los fundadores del teatro, vuelve en 2001 trayendo un gran proyecto asociado a una Universidad privada. Así, se montaron obras emblemáticas como Padre nuestro que estás en la cama (2002), Devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo Marx (2002) y Bienvenido nuevo siglo Doktor Freud (2003). Sueños de la memoria (2004) y Okupación (2005) fueron otras las obras más memorables, que destacaron por uno de los rasgos más característicos de Ictus, la creación colectiva.

Hacia fines de los 2000, el panorama para un teatro que ya tenía 50 años de vida era incierto. Todos lo honraban, pero no había una política de estado que protegiera la vida y trayectoria de un grupo que ya formaba parte del patrimonio del país.

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NUESTROS DÍAS

Pensar en 1957 y 2020 parece imposible. En más de seis décadas de existencia Ictus lo ha visto y vivido todo. Lindo país esquina con vista al mar (remontaje), Levántate y corre y Alguien tiene que parar son algunas de las obras que se estrenan entre 2010 y 2014. La necesidad de crear alianzas para producir crece y, gracias a ello, Ictus sigue existiendo como el grupo de teatro más longevo de latinoamérica, con más de 60 años de vida ininterrumpida.

A mediados de la década la dirección del teatro cambia. En 2015, Paula Sharim se instala a la cabeza de Ictus, relevando a su padre Nissim Sharim, quien por motivos de salud debe alejarse de esta función. Este cambio en la gestión ha llevado al teatro a una nueva fase de reinvención y producción de diversos lenguajes.

Hoy, Ictus se mantiene más vigente que nunca. Recordar, permanecer, resistir siguen siendo las claves eternas del teatro independiente con más historia del continente.

ARTISTAS

Desde su fundación en 1962, por la Sala La Comedia han pasado hombres y mujeres de teatro que han dejado en sus tablas muchas veces parte de su alma.

OBRAS ESTRENADAS

Con el estreno en 1956 de “La tertulia de los dos hermanos” y “Las suplicantes”, comienza oficialmente la aventura de la compañía Teatro Ictus

Merced 349 Barrio Lastarria.
Santiago, Chile.

A pasos del Metro U.Católica
y Metro Bellas Arte.

RESERVAS

Para información y reservas, llame a los teléfonos:
22 639 15 23 – 22 639 2101